Un repentino encuentro
La brisa parisina acariciaba mi rostro aquella sensual noche de Mayo. Cerré los ojos, agudizando mis sentidos; dulce aroma a flores frescas, el susurrar del viento entre las ramas de los árboles… y mis manos, hasta hace unos instantes vacías, notó el delicado roce de sus dedos deslizándose lentamente por mi palma, el roce lento subió hasta mi brazo, lo seguí con la mirada, se detuvo en mi hombro, terminé de abrir despacio mis párpados y él aprovechó para, delicadamente, girarme hacia él. Me perdí en sus ojos, los que reflejaban aquel cielo estrellado. Hacía cuatro años que no veía a Étienne, vivimos la historia de amor más bonita e intensa que jamás pude imaginar. Largos paseos por la orilla de la playa italiana, cogidos de la mano, riendo y bailando como si no hubiera nadie más. Me hacía sentir una, especial, tenía la magia de hacer desaparecer el mundo entero, solos él y yo. Un día se marchó, sin dejar rastro. ...