Interludio
Era una mañana fría y lluviosa de Diciembre. Me dirigía cabizbajo hacia la arcaica tienda de relojes de la vieja plaza mientras me sumía en los pensamientos intrusivos que, últimamente, me invadían con gran facilidad. Intentaba controlar las sombras que se cernían sobre mí, huir de ellas o ahuyentarlas de alguna forma, pero era como un monstruo que se alimentaba del miedo y la necesidad de buscar silencio, de hallar paz. Crecía cada vez más al igual que crecían mis ansias de que desapareciera, de que se hiciera más pequeño hasta llegar a reducirlo, conseguía el efecto contrario. Me sentía absorto en una nube densa de humo, donde no te deja distinguir nada más allá de tus propias manos estiradas y, que se convierte, en una sensación de opresión en el pecho y de ahogo por no encontrar la salida. Pensando en dejarme arrastrar por ese desosiego, fundirme en él como si ese gran acto de cobardía hiciera que doliera menos y mi vida adquiriera un matiz difer...