Después de mí (Primera parte)
Durante mucho tiempo pensé que pedir cariño era pedir demasiado. Lo pensé cada vez que esperaba un abrazo que no llegaba, cada vez que tenía que conformarme con unas palabras dichas a medias, con gestos que parecían hechos por obligación y con la sensación constante de que, para la persona que tenía delante, yo siempre ocupaba un lugar demasiado fácil de dejar para después. Yo no quería grandes cosas. Nunca las quise. Solo quería sentirme querida. Sentir que alguien tenía ganas de saber cómo había sido mi día, que me mirara y viera algo especial en mí. Quería que me acariciaran sin tener que pedirlo, que me buscaran porque me echaran de menos, que me hicieran sentir prioridad al menos alguna vez. Quería cariño. Y durante demasiado tiempo me hicieron sentir que incluso eso era demasiado. ...