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Interludio

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   Era una mañana fría y lluviosa de Diciembre. Me dirigía cabizbajo hacia la arcaica tienda de relojes de la vieja plaza mientras me sumía en los pensamientos intrusivos que, últimamente, me invadían con gran facilidad. Intentaba controlar las sombras que se cernían sobre mí, huir de ellas o ahuyentarlas de alguna forma, pero era como un monstruo que se alimentaba del miedo y la necesidad de buscar silencio, de hallar paz. Crecía cada vez más al igual que crecían mis ansias de que desapareciera, de que se hiciera más pequeño hasta llegar a reducirlo, conseguía el efecto contrario. Me sentía absorto en una nube densa de humo, donde no te deja distinguir nada más allá de tus propias manos estiradas y, que se convierte, en una sensación de opresión en el pecho y de ahogo por no encontrar la salida.     Pensando en dejarme arrastrar por ese desosiego, fundirme en él como si ese gran acto de cobardía hiciera que doliera menos y mi vida adquiriera un matiz difer...

Amor en tiempos de guerra

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        La insufrible guerra llegó y, con ella, el amargor de las despedidas. Nunca he sido partidaria de ver partir a mis seres queridos, aún menos si la finalidad de esa partida es el óbito, posiblemente inevitable, que este despiadado y sanguinario país nos ha conducido.     Los días previos al viaje al vivac, campamento militar donde se quedaban los soldados rasos previamente al campo de batalla, fueron considerablemente desconsoladores. Mi amado Antonio, honrador del significado de su gran nombre, ¨aquel que se enfrenta a sus adversarios¨, estaba ansioso por defender a su patria y, si hiciese falta, caer en batalla por venerar a la misma, sin recordar lo que dejaba en tierra; su amada esposa afligida y un primogénito en camino. Las semanas posteriores a su marcha se hicieron eternas. Escribía y mandaba infinidad de cartas que sabía, con certeza, que no recibiría. El Capitán General de la estructura operativa de las fuerzas armadas y condició...

Anelo

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     Volví a La Toscana, mi lugar de origen. Se solía decir que hay cosas de la razón que el corazón no entiende. Era cierto. Mi corazón no entendía su ausencia, su distanciamiento. Gael tenía naturaleza romántica, fama de mujeriego, por ende encantador. Era fácil sentirse cómoda en su presencia, tenía el poder de hacerte sentir especial de, con cada palabra, cada gesto, cada mirada, despertar en ti la sensación de que eras única, insuperable, hermosa.     Varias personas me advirtieron de su persuasión, de su encanto. Él mismo me lo advirtó pero, mi corazón decidió no escuchar, decidió que era racional dejarse llevar por esos sentimientos que hacía despertar a sabiendas de que era irreal. Una ilusión, un espegismo.     Constantemente atraía a mi vida a personas que no eran adecuados para mi. Sospecho que la falta de cariño, de atención, de exiguo de amor hicieron que esa forma de seducción, conocedor de sus experiencias y el propósito final, me atrap...

Un repentino encuentro

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        La brisa parisina acariciaba mi rostro aquella sensual noche de Mayo. Cerré los ojos, agudizando mis sentidos; dulce aroma a flores frescas, el susurrar del viento entre las ramas de los árboles… y mis manos, hasta hace unos instantes vacías, notó el delicado roce de sus dedos deslizándose lentamente por mi palma, el roce lento subió hasta mi brazo, lo seguí con la mirada, se detuvo en mi hombro, terminé de abrir despacio mis párpados y él aprovechó para, delicadamente, girarme hacia él. Me perdí en sus ojos, los que reflejaban aquel cielo estrellado.    Hacía cuatro años que no veía a Étienne, vivimos la historia de amor más bonita e intensa que jamás pude imaginar. Largos paseos por la orilla de la playa italiana, cogidos de la mano, riendo y bailando como si no hubiera nadie más. Me hacía sentir una, especial, tenía la magia de hacer desaparecer el mundo entero, solos él y yo.    Un día se marchó, sin dejar rastro.    ...

🕊

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     ¿Cómo ser capaz de acostumbrarme a la falta de un ser querido? Si lo único que cambia en ese tiempo es el dolor que va creciendo dentro de mi.     La luna es la exclusiva confidente de mis desvelos, caja bajo llave que guarda el secreto de mis lamentos, barca que navega bajo mi mar de lágrimas sin consuelo, corazón malherido que esconde su recuerdo.    Disfrazar mi afliccion con una sonrisa me ahoga. No sentir su mano, sentirme sola. ¿Cómo continuar? Si mi único salvavidas es una escalera al cielo. Romper el silencio sin gritos para decirle lo mucho que le quiero.     Su mano en mi mejilla, lograba parar el tiempo. Desde que se marchó jugó con el reloj, dejó congeladas sus agujas, las mías, porque los momentos seguían pasando, con todas sus horas, con todos sus meses, hasta casi alcanzar el año.     Y así acabé yo, por tiempo pasado, un latido menos sufría mi corazón. 

Sigues estando, aquí.

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    May 23, 1911    Mi querido y adorado Johan Iborte;    Ha transcurrido seis meses desde su marcha. A causa de su amarga ausencia sufro de insomnios cada noche, esas mismas noches que me ahogo en mi propio sollozo; mis ojos se convirtieron en el reflejo de un mar de lágrimas, causantes de su recuerdo.    Hace dos meses llegaron con su uniforme militar a la puerta de nuestro hogar. Perdí las fuerzas solo de contemplar aquella escena pero, amado mío, mi corazón me dice que aún sigue vivo, que aún debe permanecer mis esperanzas por volver a verle, por esperar su regreso.    Sé que nuestro futuro hijo le dará esas fuerzas que a veces le puedan faltar. Le dará las fuerzas ese amor de jóvenes, tan intenso pero efímero, que nos tocó vivir pero que le sigue esperando.    Lisa asegura que estamos esperando a un hermoso varón por la forma de mi tripa, por el motivo que ella afirma que conoce de dicho tema. De ser así, confío y ansí...

SUKHA

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   Nuestra vida carecía de sustento económico. Mi marido trabajaba gran parte del día para poder traer, apenas, un trozo de pan a nuestro hogar.    Era irónico, nací en una cuna de oro, toda clase de lujos me rodeaba. Podía disponer de lo que ansiara pero carecía de amor, carecía del cálido refugio de un hogar. Mis progenitores eran propietarios de un importante negocio familiar que, con los años, fue en aumento sus ganancias, disponían de títulos nobles y prácticamente no les costó mucho crecer en el dominio de sus quehaceres gremiales.   En aquel lugar, desde pequeña, pretendían hacer de mí un títere, era infeliz a causa de las acciones y las represalias que tomaban contra mí cuando salía del camino predeterminado.    Siempre tuve a mi querida abuela; ella me gratificaba con su amor incondicional, su eternal apoyo, en ocasiones era mi confidente y el refugio de todo mal.    Edgar ofreció sus servicios de jardinería en la mansión donde resid...