Amor en tiempos de guerra


    





   La insufrible guerra llegó y, con ella, el amargor de las despedidas. Nunca he sido partidaria de ver partir a mis seres queridos, aún menos si la finalidad de esa partida es el óbito, posiblemente inevitable, que este despiadado y sanguinario país nos ha conducido. 

   Los días previos al viaje al vivac, campamento militar donde se quedaban los soldados rasos previamente al campo de batalla, fueron considerablemente desconsoladores. Mi amado Antonio, honrador del significado de su gran nombre, ¨aquel que se enfrenta a sus adversarios¨, estaba ansioso por defender a su patria y, si hiciese falta, caer en batalla por venerar a la misma, sin recordar lo que dejaba en tierra; su amada esposa afligida y un primogénito en camino. Las semanas posteriores a su marcha se hicieron eternas. Escribía y mandaba infinidad de cartas que sabía, con certeza, que no recibiría. El Capitán General de la estructura operativa de las fuerzas armadas y condición estratégica de las operaciones militares, se encargaba, con sumo interés, en leer la correspondencia de sus inferiores. A su favor clamaba que garantizaba la consolidación de sus soldados, haciéndolos así firmes y sólidos, más fuertes y estables. Yo opinaba lo controlario, conjeturaba que necesitaban noticias de sus allegados, palabras escritas de su puño y letra, dándoles la fuerza necesaria de seguir luchando tras esas trincheras. Un poco de vida y de color en momentos tan vacíos y grises. 

   Meses más tarde, volvía a sentarme a escribirle a mi amado. Aquellas líneas me reconformtaban, de alguna forma me hacían sentir más cerca de él. Aún no había recibido correspondecia suya, pues desconocía si las había recibido. Pero hoy era un día distinto, un día de festejo que percibía que, de poder leer mis escritos, le daría un inmenso júbilo; nuestro querido hijo había nacido hacía a penas unas horas, era un hermoso varón, se llamaría como su padre y su abuelo, linaje de grandes hombres. Tras varias semanas de espera y con mi corazón un poco menos corrompido tras la llegada de mi hijo, el mensajero depositó en mis templorosas manos una masiva. Al leer el remitente el templor de mis manos se traspasó a cada centímetro de mi ser. ¨Correo militar¨ se leía en el sello, posterior al sobre, solo podía ser de mi amado, mi querido Antonio.    


   Amada esposa mía, me hace inmensamente dichoso de tener noticias tuyas. He vivido grandes adversidades en estos campos, la mayor tu ausencia y falta de comunicación por tu parte. Sé que lo has intentado, amada mía, pero jamás recibí nada, como se que tu tampoco recibiste correspondencia por mi parte. Desconozco si finalmente leerás estas líneas, espero que finalmente lleguen a tus manos. Esperaba noticias tuyas ansiosamente. No cabe en mi ser tanta alegría por el nacimiento de nuestro hijo. Un varón. Me enorgullece que le hayas puesto mi nombre y el de sus antepasados, sobretodo por la finalidad por lo que lo hiciste, por vernos como grandes hombres; fuertes y vanidosos. Te agradezco enormemente por apreciarme con tan buenos ojos, por ver, amada mía, todo lo bueno que hay en mi, virtudes que a mi siempre me costaron ver y, en estos momentos, algo más. Gracias por seguir siendo mi aliento y mi faro aún en la distancia. Solo tú y nuestro hijo me dais la fuerza necesaria para seguir en pie. Mi deseo y mi meta es cumpllir con ese pensamiento que tienes del gran hombre que crees que soy, demostraros a ti y a nuestro Antonio que su padre dió su vida por vosotros y por su gran patria. Deseo que me vea como un valiente y un ejemplo a seguir.


                               Eternamente tuyo, Antonio.        



                                                                                          Leí esas líneas infinidades de veces, acariciaba el papel y lo abrazaba. Estaba en lo cierto, no recibía mi correspondencia y, al parecer, yo tampoco recibía la suya. Pero al fin pudimos tener noticias el uno del otro. Recibir esta carta me dio la fuerza para soportar un poco más su ausencia, de sacar fuera de mi mente esos pensamientos que tantas noche me atormentaban. Me consuela saber su bienestar a pesar de las circunstancias y que las lunas nuevas del nacimiento le haya dado esa fuerza para seguir luchando.   



¨Sueño con nuestro pronto encuentro, amado mío, cada día estamos más cerca de ese momento.¨

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