Sigues estando, aquí.
Mi querido y adorado Johan Iborte;
Ha transcurrido seis meses desde su marcha. A causa de su amarga ausencia sufro de insomnios cada noche, esas mismas noches que me ahogo en mi propio sollozo; mis ojos se convirtieron en el reflejo de un mar de lágrimas, causantes de su recuerdo.
Hace dos meses llegaron con su uniforme militar a la puerta de nuestro hogar. Perdí las fuerzas solo de contemplar aquella escena pero, amado mío, mi corazón me dice que aún sigue vivo, que aún debe permanecer mis esperanzas por volver a verle, por esperar su regreso.
Sé que nuestro futuro hijo le dará esas fuerzas que a veces le puedan faltar. Le dará las fuerzas ese amor de jóvenes, tan intenso pero efímero, que nos tocó vivir pero que le sigue esperando.
Lisa asegura que estamos esperando a un hermoso varón por la forma de mi tripa, por el motivo que ella afirma que conoce de dicho tema. De ser así, confío y ansío que se asemeje a usted; fuerte, valiente, bondadoso, audaz, inteligente e innumerables calificativos que fueron causantes de que se adueñase por completo de mi corazón, el cual acepté que le perteneciera desde aquel preciso instante.
No quisiera estimar que dicha correspondencia le transmitiera algo negativo pero, ansiado ser sincera, se lo debo comunicar; su querida madre calló enferma al transmitirle la trágica noticia de su supuesto fallecimiento. Desde aquel instante la acogí en una alcoba próxima a la nuestra. La cuido y la consuelo cada día, pero temo por su mejoría, su deterioro se prolonga y, a pesar de mis creencias de que regresará, su mal estado de ánimo no cesa. Ansío transmitirle mis esperanzas, de algún modo calmar su frágil y débil corazón.
Aguardo que esta correspondencia llegue hasta usted y, al leerla, le transmita el vigor y la fortaleza que le hago llegar a través de estas palabras.
Le esperaré toda la vida si así se precisa.
Le ama su A.D

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