Anelo
Volví a La Toscana, mi lugar de origen. Se solía decir que hay cosas de la razón que el corazón no entiende. Era cierto. Mi corazón no entendía su ausencia, su distanciamiento. Gael tenía naturaleza romántica, fama de mujeriego, por ende encantador. Era fácil sentirse cómoda en su presencia, tenía el poder de hacerte sentir especial de, con cada palabra, cada gesto, cada mirada, despertar en ti la sensación de que eras única, insuperable, hermosa. Varias personas me advirtieron de su persuasión, de su encanto. Él mismo me lo advirtó pero, mi corazón decidió no escuchar, decidió que era racional dejarse llevar por esos sentimientos que hacía despertar a sabiendas de que era irreal. Una ilusión, un espegismo. Constantemente atraía a mi vida a personas que no eran adecuados para mi. Sospecho que la falta de cariño, de atención, de exiguo de amor hicieron que esa forma de seducción, conocedor de sus experiencias y el propósito final, me atrap...