Lady Birdwhistle | parte uno






Lady Birdwhistle era ambiciosa y soñadora por naturaleza. Desde muy temprana edad le fascinaba pasarse sus tardes en la gran librería de la mansión donde vivía y, hacía unos años que había descubierto el arte de la escritura. Poco a poco empezó a escribir a espaldas de sus progenitores, ya que era una profesión de hombres, que una mujer escribiera estaría mal visto para la sociedad. En un tiempo efímero se percató que tenía un don y que le fascinaba ese mundo.

Hace a penas unos meses empezó a escribir su propio boletín de noticias de última hora de su ciudad gracias a un viejo amigo; Lord Wilder. Él confiaba plenamente en ella y consideraba que las mujeres, al igual que los hombres, debían ser libres y hacer lo que así les naciera.

Lord Wilder trabajaba en un editorial muy prestigiosa en Inglaterra y, podía asegurar, que presenció a varios varones que no tenían talento alguno en el mundo de la escritura. Por lo que, aparte de sus pensamientos liberales, quería ayudar a su amiga siendo su aliado.

El proyecto sería el siguiente; Lady Birdwhistle escribiría las noticias y Lord Wilder las publicaría en anonimato, ¿qué podía salir mal?

En Marzo de 1893 hubo un acontecimiento de lo más importante en Inglaterra. Se rumoreaba que habían hallado al conde Harvy en presencia de una comerciante cerca de una taberna del pueblo ¿Sería un rumor o un acto verídico? De tal manera fue todo un escándalo. Los parientes del conde eran una de las familias más respetadas del lugar, por lo que, tales habladurías ponían en riesgo su reputación y la de todo su linaje. Fuera o fuese cierto en aquel infundio vi una coyuntura para comenzar con el boletín de noticias.

Sutilmente hice algunas investigaciones para que el anuncio que se iba a publicar fuese lo más certero posible. Escribí durante toda la noche y, a primera hora del día siguiente, ya poseía en mi poder el primer manuscrito de lo más detallado de aquel acontecimiento que tenía a toda la ciudad en vilo.

Esa misma tarde el escrito salió en todas las portadas de los periódicos y toda la ciudad conversaba con nerviosismo e histeria lo sucedido. Ciertamente la noticia había sido todo un éxito, lo sucedido con el conde no tanto. Aunque para mí había sido un buen comienzo en este mundo, aunque no pudiera atribuirme los méritos me sentía de lo más orgullosa.

Ese fin de semana se celebraba el segundo baile de la temporada y, pude oír, en varias conversaciones, los nuevos acontecimientos con el conde. Resultó ser cierto su romance con aquella mujer del pueblo bajo pero sus padres se negaban a pedir la mano de una simple y vulgar comerciante. A mi parecer sentía que era injusto que tratarán de esa manera a la pobre chica ¡ni si quiera la conocían! Odiaba los protocolos necios que carecían de sentido.

Conforme transcurría la noche empezaba a atar cabos y las piezas de aquel rompecabezas iban encajando poco a poco; realmente el conde estaba enamorado de ella, de ahí sus escapadas al bajo pueblo. Puede oír que tenían pensado fugarse a Alemania para comenzar una nueva vida. Que, tras lo sucedido, sus padres querían sacarlo del país para que se olvidara de ella. Que en este asunto podía haber más personas implicadas y los progenitores del conde ansiaban saber la identidad de los implicados para recibir una severa condena.

Esto estaba llegando demasiado lejos, ¿qué mal podía hacerle al mundo dos personas enamoradas?

Decidí escribir mi segundo manuscrito. Tenía por seguro lo que escribiría; los nuevos acontecimientos y mi humilde visión del asunto. A nadie le importaría leer lo sucedido por último y una opinión propia, ¿no?

El trayecto de vuelta a casa se me hizo más extenso de lo habitual, ansiaba llegar a mi alcoba para escribir. Tarde toda la noche y parte de la mañana del día siguiente en plasmar en la hoja todo lo que deseaba. No me convencía, lo tiraba, comenzaba de nuevo. Así hasta que finalmente lo di por bueno y salí corriendo a la editorial. El tiempo hasta que fue publicado fue eterno, hasta que al fin, a la mañana siguiente, estaban a la venta todos los nuevos periódicos. La reacción de la gente no fue del todo indulgente, pude llegar a oír algún que otro comentario el horror que les parecía que alguien pudiese pensar que dos personas de distinta clase social también podían llegar a amarse. Realmente es así, ¿no? Tu corazón se enamora de otro corazón y, aparentemente todos tenemos uno, la clase social y títulos nobiliarios quedaban en segundo plano cuando había una persona que te hacía latir el corazón.

Así fueron mis comienzos. Tras varias publicaciones en el periódico sentía que necesitaba más, algo más exacto. Solía escribir sobre los chismorreos de la ciudad y parecía que a la gente empezó a gustarle el toque personal, poner al final de lo sucedido el punto de vista. Les fascinaba las habladurías.

Me ausente por un tiempo, necesitaba alistar el nuevo boletín completo que sería solo mío, aunque siguiera mantuviendo el anonimato. Cada semana habría una recopilación de chismorreos y versión de punto de vista propio. En el trascurso de aquel tiempo la gente estaba ansiosa por leer los nuevos escritos que solían salir en portada de los periódicos.

Recuerdo cuando salieron los primeros ejemplares del boletín con todos y cada uno de los cotilleos de la alta sociedad, de la baja y de ambas a la vez. Fue todo un triunfo, se agotaron en seguida.

Lo realmente asombroso ocurrió semanas después, cuando sucedió un acontecimiento de lo más jugoso e impresionante de la época. Toda la sociedad estaba ansiosa por el nuevo ejemplar, necesitaría ocupar todo el boletín para escribir aquello. Las personas empezaban a impacientarse, ansiaban conocer más detalles lo ocurrido. Toda la ciudad hablaba de ello.

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