La brujita Sol

 



   Una de las cosas que destacaba en mi persona era ser una persona incomprendida por naturaleza, era diferente al resto y eso era causa de incomprensión por parte de los demás, incluso por mis padres.
   Mi nombre es Sol, vivía en la profundidad de un bosque, era precioso pero un poco escaso de color. Salem, donde vivíamos en clan brujos de todas las clases; excepto de la mía. Cuando un miembro del clan tenía un hijo, los primeros días de vida del mismo, hacían una coven, es decir, una reunión, allí, la nueva criatura, elegiría sus poderes mágicos, por suerte o por desgracia no había ninguno asignado para mí, por lo que fue motivo de desagrado y eternos reproches de los allí presentes.
   Más adelante descubrimos que era una bruja de fuego, de luz. Mis poderes causaron un gran revuelo entre la comunidad, me veían como una amenaza ya que era la primera bruja con esos poderes tan peculiares. Yo lo solía llamar miedo a lo desconocido pero, a pesar de la impresión que causaba mi poder era totalmente inofensivo, aunque podía ser peligroso sino había control sobre ello, como cualquier otro.
   Un día, cuando tenía seis años, estaba paseando casi por las afueras del bosque, sin percatarme de ello encontré un lugar que más adelante pasó a ser mi refugio, formaban parte del bosque pero parecía haber entrado en una dimensión paralela a la que conocía; vegetación verde, los pájaros piaban una hermosa canción, se escuchaba el fluir del agua de un riachuelo que había cerca, se respiraba a naturaleza fresca y sentía una inmensa sensación de bienestar. En cambio, donde vivía, era un lugar sombrío y gris, se solía escuchar las risas maliciosas de las brujas adultas que solían estar en las zonas aún más oscuras de aquel lugar, el crascitar de los cuervos y el olor un tanto desagradable. En mi inocencia pensaba que con mis poderes podía encender aquel lugar, llenándolo de luz. Pensaba que seguro así, los que me miraban con desdén y me gritaban palabras de reproche al verme pasar cambiarían de parecer, viviríamos todos en mejor armonía.
   A la mañana siguiente puse en práctica mis pensamientos, reuní toda mi energía para conseguir lo que pretendía, cerré los con fuerza, abrí las manos y a los pocos segundos oía de lejos unos gritos desesperados, cuando los abrí, para mi asombro, nada de lo que estaba pasando estaba en mis pensamientos, aquello no entraba en mis planes, estaba quemando viva a muchas brujas ancianas y las chozas donde vivíamos. Quedé inmóvil ante aquella escena, quise ayudar pero mi cuerpo no reaccionaba, presa del pánico. Por suerte, gran parte del clan se encontraba fuera del recinto; un día al mes salían a buscar suministros y casualmente fue ese día. Declaran que vieron el humo y las altas llamas desde donde se encontraban y pudieron intervenir. Cuando todo se convirtió en cenizas a mi alrededor solo yo había salido inmune ante aquella desgracia, al parecer las llamas no podían afectarme. Todos los allí presentes me culparon por lo sucedido, traté de explicar que fue un acto de lo más inocente que acabó en tragedia, que no era mi intención ese final. Como era de esperar no creyeron mi palabra y me repudiaron del clan, al cual nunca pertenecí. Todos los miembros que sobrevivieron me persiguieron varios kilómetros con diferentes armas, estaban dispuestos a acabar conmigo. Presa del pánico mis piernecitas corrieron incansablemente hasta que pude despistarlos.
   Me adentré en un territorio que nunca había conocido, parecía un pueblo, la gente reía, trabajaba en el campo cosechando alimentos, las cabañas y el paisaje se mostraba alegre. Sentí estar en el paraíso, una niña casi de mi edad vino en mi busca con cara de preocupación.
- Hola, ¿te has perdido?
- Hola, creo que sí – intenté sonreír. Seguramente tendría un aspecto horrible por todo lo que había pasado.
- ¿Dónde están tus padres?
- Mis… mis padres… – no supe que decir, lo que sí sabía es que no podía decir la verdad –. Mis padres murieron hace unos días.
- Oh, lo siento mucho… – dijo la niña con lágrimas en los ojos –. Ven conmigo, te llevaré a casa de mis papás, seguro ellos saben que hacer. – me dedicó una dulce sonrisa, seguro para hacerme sentir un poco mejor.
   Cuando llegué a la cabaña de la niña me pareció realmente acogedora y bastante amplia; un porche, al entrar un amplio salón ¡Incluso tenía una caja echa de piedras donde había fuego!, una cocina a la izquierda, junto a ella una puerta que daba al baño y a la derecha tres dormitorios. Sus padres fueron realmente agradables conmigo, sentí ese cariño y ese acogimiento que siempre añoré por parte de mis padres. Aquellos señores me dijeron que me quedara con ellos hasta que encontrarán alguna familia que pudiera hacerse cargo, al parecer eran muchos miembros e iban un poco justos de sitio.
   Beatrice, así se llamaba la niña que apareció en mi busca y la cual se había convertido en mi amiga; me enseñó el lugar, me presentó a sus amigas que, a mi parecer no eran tan amigas, jugábamos largas tardes en el césped, ofrecíamos nuestra ayuda a las personas que se dedicaban al trabajo en el campo y me ofrendaba su lecho para que durmiéramos juntas. A pesar de mi temprana edad sabía que debía ocultar mis poderes para pasar desapercibida, pero a ella, a ella me moría de ganas de contárselo.
   Una tarde, su madre nos hizo llamar para volver a la cabaña. Al llegar había una pareja a la que se le podía ver la ilusión en su mirada. Nos presentaron. Era un matrimonio que no podía tener hijos y ansiaban dar su eterno cariño y amor a una criatura. Me dijeron que ellos serían mis padres y, cuando se acercaron a mi a abrazarme y dedicarme palabras de amor, sin quererlo mis ojos se llenaron de lágrimas de emoción, al fin tendría una familia que me quisiera. Ellos ansiaban una hermosa niña como yo, eso decían, y yo ansiaba unos padres que me taparan por las noches, que me secara las lágrimas cuando llorara, que me hicieran sentir que era su mundo y no un error.
   Yo para ellos y ellos para mi. Por fin pertenecería a una hermosa familia.

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